lunes, 27 de febrero de 2012

El sofá: la retorica de Nansés.

   Sabiendo lo importante del discurso como estratega de seducción, la figura de Nansés como aquel seductor astuto, me ha llamado la atención.

  Nansés, al manejo de Crebillon, ha construido un discurso y un ambiente lleno de circunloquios, eufemismos, metáforas  y palabras con doble sentido,  que han engañado a la libertina y divertida Zulica. Lo sorprendente es que una acción tan deshonesta  y a veces transgredido por parte de Nansés, envuelven a Zulica con suavidad en sabanas de palabras que le dan la comodidad de liberarse -otra vez- frente a un desconocido.

  Deduzco que por debajo de ese mantel de críticas a la hipocresía de los parisinos más influyentes de la época, se encuentra ese morbo de escribir lo prohibido, de poder tener la libertad de narrar escenas maquilladas de aquellos actos pasionales

sábado, 25 de febrero de 2012

Elementos

A propósito del post de Rennyer y de mi comentario, es importante agregar que, la escena en que Armanda logra seducir a Harry se desarrolla en un baile de mascaras, ambos comparten un par de palabras, pero la seduccion se da apartir de las imagenes, de la vista. Armanda está disfrazada de hombre, y comenta a Harry que ha seducido a un par de señoras. Harry al no poder tocar a Armanda, por esta estar disfrazada de hombre, comienza a desearla mas, pero solo puede satisfacer su deseo por medio de la vista. -el voyeur Harry, y el libertino Armando-.

si bien El sofá es un texto en que las seducciones se llevan acabo apartir de la palabra, y es un buen ejemplo para lo que hemos dicho en el seminario de como se llega a la seduccion; hay que aclarar que el dialogo no siempre tiene que ser hablado, puede ser un intercambio de gestos sin la necesidad de articular palabra alguna.

lunes, 13 de febrero de 2012

En Buenas y malas palabras Angel Rosenblath narra la conocida historieta del diplomático y la dama "¿Qué diferencia hay entre un diplomático y una dama?. que el diplomático dice cuando quiere decir tal vez, cuando dice tal vez quiere decir no; y cuando dice no deja de ser diplomático. Y la dama cuando dice no, quiere decir tal vez; cuando dice tal vez quiere decir ; y cuando dice deja de ser dama." De lo anterior puede desprenderse que la diplomacia es una profesión profundamente femenina, el sutil juego de política/máscara es una de las principales herramientas de las que dispone un diplomático, quizás sea por eso que Casanova fuera tan destacado en la política veneciana donde nada parece lo que es. Sin embargo, detrás de la palabra falsa se esconde una especie de verdad, la labor del verdadero diplomático es descubrir las sutilezas que las separan.
En cualquiera de los casos la política es un juego de seducción y de estrategia nadie muestra sus verdaderas intenciones, como una mujer que aparenta recatamiento, el diplomático juega a ocultar, a disimular lo que realmente quiere. Las afirmaciones absolutas son prohibidas es por ello que para Casanova no existe el y el no como sentencias, son una negación de sí. Él, que es un diplomático, seduce en su profesión y es seducido en la alcoba. Un político perfecto.

viernes, 3 de febrero de 2012

Todo un teatro.

Escenario, actores, espectador. Los tres elementos esenciales de una representación teatral. Los mismos tres elementos que dan unidad a los relatos de El Sofá. Cada una de las narraciones, incluyendo el marco de todos los cuentos, son montajes de teatro, en donde el escenario es el cuarto, el tocador de la dama; los actores son los amantes y el espectador siempre es el Sofá, que también se convierte en actor la mayoría de las veces.

Crébillon entiende que el juego de la seducción es todo un teatro, que ambos actores conocen el final de la obra, pero que su parte de mayor disfrute es el momento de la actuación, el del mutuo engaño, la ficcionalización, donde ambos actores deben asumir distintos roles para alcanzar su objetivo.

Además, el autor sabe también que quien más satisface su voluptuosidad es el espectador, el mirón, el voyeur que está presente en todos sus relatos, no los actores que llevan a cabo la acción. Por eso Amanzei se convierte en un libertino más, el que mayor disfrute alcanza en cada cuento que relata. El lector, así como Amanzei, como el sultán, disfruta de cada uno de los relatos, se convierte quizá en el mayor mirón de la obra; el lector es el verdadero espectador de todo el teatro que es El Sofá, el más voluptuoso, el gran espectador, y por lo tanto, el mayor libertino de la obra.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Características formales de la Novela libertina. ( los personajes)

Del neófito al maestro filósofo

¿Es posible entender al personaje de la novela libertina como un héroe? Si entendemos el concepto de héroe dentro de la tradición crítica, entonces el personaje libertino no corresponde al adjetivo de lo heroico. El héroe, siguiendo a Aristóteles, es aquel que contiene el ethos social, representa los valores de una comunidad y la fábula lo que hace es mitologizarlo. Tantos lo héroes griegos como lo caballeros de la novela de caballería se determinan por llevar unos valores sacralizados que le permiten refrendarlos en sus acciones. Así el concepto de areté determina el ser del personaje que se esfuerza por acentuar su supremacía natural dentro de la narración. En la novela de caballería, el chavalier se hace mediante la aventure, mediante el tránsito de una minusvalía a la conversión en símbolo. El caballero resuelve las vicisitudes paso a paso y paso a paso va haciéndose un nombre. El nombre del héroe justifica el relato. Esto nos lleva a pensar que no existe un narración sin un héroe.

Con la llegada asunción de la novela moderna en el siglo XVII, la heroicidad y su relación de indentidad entra en crisis. Prueba de ello lo encontramos en El Quijote.

El personaje de la novela libertina, el libertino, puede ser un caballero y hasta un guerrero; pero también es cierto que vulgariza los objetivos tradicionales de lo heroico en una búsqueda del placer. Lo que coloca en decadencia el mismo concepto de lo heroicidad.

El libertino es un personaje que transita hacia la búsqueda de un objetivo que en vez de resaltar los valores de una sociedad, acentúa el gusto por reconfortar el imaginario de la propia individualidad. Ahora bien, a pesar de que los autores de este género son generalmente libertinos, la autoría se mueve sobre el anonimato. El anonimato libera los compromisos y, por tanto, las fronteras de lo que se debe y no se debe. Así como el libertino el sujeto que se mueve sin el apriorismo y la responsabilidad de una moral heroica. La libertad es vista negativamente porque no es un valor trascendental, por el contrario, la libertad dentro del materialismo no existe. El relato no se construye sobre la búsqueda de un ideal libertario, sino sobre la satisfacción de una metía lidiad y el regocijo en la voluptuosidad. El personaje es transgresión porque se ha vuelto pura retórica. Mis hay un valor en el personaje es precisamente en el reconocimiento del papel del discurso en la figuración de su realidad. Se vuelve un símbolo en la medida en que logra seducir.

Novela como Temidoro logra reflejar el papel del sujeto que logra un nombre gracias a la consecución expedita de sus deseos carnales. Su moral es ir recogiendo las oportunidades: "las flores nacen bajo los pasos de los que se dedican a esa carrera". El libertino es una máquina que se potencia en la voluptuosidad. Esta es la que demarca la trama. Esto transgrede el ethos de lo que de be ser un héroe, lo rebaja.

No obstante, la figura novelesca del libertino es altamente dinámica. No son estereotipos. Por el contrario, se adoptan a las circunstancias y más si esa circunstancia es discursiva.

Por otro lado es importante la relación que podamos establecer entre el personaje y e lector. Esta relación puede convertir al libertino en un héroe. Según Vincent Jouve (1992) en El efecto- personaje dentro de la novela, hay tres relacione se sencillez entre el lector y los personajes de un relato: la percepción- representación ( lo que se lee del personaje), la recepción ( las relaciones conscientes e inconscientes entre el lector y los personajes)  y la implicación(el efecto extra textual de la lectura). Estas relaciones pueden convertir a un personaje en un héroe independientemente de los valores colectivos que este represente.

En ese sentido, podemos observar que el libertino es un neófito, frívolo, ignorante, que deviene en filósofo, maestro,  y por tanto en símbolo. En definitiva, todo un héroe.   

lunes, 21 de noviembre de 2011

El erotismo y la muerte    
Una lectura atenta del Simposio platónico nos define lo erótico en su relación con la muerte y el conocimiento. A partir de la verdad se supera el odioso devenir del cuerpo. Sin embargo, no podemos circunscribir la muerte a fin de la vitalidad. Más bien, la muerte es entendida como aquello que es perecedero: los conceptos, los sentimientos, la luz y el sol.
Dice el poeta jónico Anacreonte:
¿A qué me instruyes en las reglas de la retórica?
Al fin y al cabo, ¿a qué tantos discursos
que en nada me aprovechan?
Será mejor que enseñes a saborear
el néctar de Dionisios
y a hacer que la más bella de las diosas
aun me haga digno de sus encantos.
La nieve ha hecho en mi cabeza su corona;
muchacho, dame agua y vino que el alma me adormezcan
pues el tiempo que me queda por vivir
es breve, demasiado breve.
Pronto me habrás de enterrar
y los muertos no beben, no aman, no desean.


II

De la dulce vida, me queda poca cosa;
esto me hace llorar a menudo porque temo al Tártaro;
bajar hasta los abismos del Hades,
es sobrecogedor y doloroso,
aparte de que indefectiblemente
ya no vuelve a subir quien allí desciende.

Lo erótico es un intermediario cruel que  formaliza lo que se escapa de las manos. Hace continuo, lo discontinuo; así sea un canto la materialización de ese desgarro. Si lo erótico es somático, entonces es discontinuidad  que se deteriora con el paso inexorable del tiempo, por eso se trasciende con la imagen imperecedera de la divinidad, las verdades eternas. De ahí, la necesidad del precepto, de las ascesis que garantice el camino de perfección que subordine lo que se convertirá en pasto de gusanos; pero si entendemos lo erótico como lo continuo, entonces es inevitable que la intrascendencia de lo físico se conjure con el trascendentalismo del cuerpo del lenguaje. Con el lenguaje y sus normas, se le da cuerpo al misterio. De ahí que hablar del amor no escapa de la metaforización de la nada.

Por otro lado, el sexo nos permite preservar la especie y superar la muerte; pero el sexo es animal. Para superar nuestra naturaleza instintiva, le damos al sexo, razón de ser y la única manera de diferenciarnos es con el lenguaje. El sexo se vuelve lenguaje, materia que dice y que crea lo que sin ella, solo fuera olvido. La signatura sin memoria. Ahora bien, nuestra animalidad y todo lo que representa, se vuelve siniestra con el lenguaje como médium de lo que debe y no debe aparecer. Ya Freud en su famoso ensayo, definía lo Umhilich como aquel miedo familiar que ocultamos en el inconsciente y sale a la luz como algo abyecto. La muerte le sienta bien al cuerpo que le oculta. Deviene de esta forma lo erótico como retórica

Ahora bien, en un proceso creciente de metatextualidad, la retórica termina por representar lo que el lenguaje develaba u ocultaba del cuerpo. Hay una retórica alta y otra baja. La alta se carga de afeite que ocultan lo bajo con las figuras alusivas del discurso ¡ Oh llama de amor viva! Gracias a los dioses: Dice Godard D’Acourd en Themidore : “El capote con que iba cubierto lo enmascaraba a la perfección” hasta el punto que el cuerpo enamorado sólo se reconoce en esos adornos. Lo demás es vulgaridad, es Selene, maestro de Dionisios, con su ambigüedad y abdomen abultado y escatológico. ¡Cuidado! lo pornográfico es enemigo de lo erótico. No hay nada más parecido que el Dinisiosios despedazado y desmenbrado que la la acción de los genitales en un film como Deep throat ( 1972) o de un texto de Sade.
Mientras la novela libertina se parece a las pinturas de Francois Boucher:

Sobre un altar sencillo por su construcción y hecho de madera de mirto se elevaban varios cojines enormes de seda y algodón; un velo de fino lino cubría la superficie del altar y una alfombra de tafetán de color rosa calado con lazos de amor, y enrollada en una de sus extremos, esperaba a que quisieran emplearla para cubrir alguna ceremonia. Con una vela en la mano me acerqué a ese respetable lugar. La propia Rozzette se había colocado sobre el altar, y sus manos estaban unidas sobre su cabeza, sin presionarla. Tenía los ojos cerrados y la boca  abierta para pedir alguna ofrenda: un rubor natural y lozano cubría su mejillas, el céfiro había acariciado todo su exterior; una muselina transparente cubría la mitad de su pecho, y la otra mitad se mostraba con descuido a las miradas; por un lado estaba permitido el examen y, por el otro, bajo la apariencia de estar prohibido, se volvía más excitante.

A diferencia de esta otra de Apollinire en las once mil vergas (1906-07)

Cuando hubo llegado a la puerta del viceconsulado de Serbia. Mony meó largo rato contra la fachada y luego llamó: vino abrirle un albanés vestido con unas enagüillas blancas…El vicecónsul Bandi Fornoski estaba completamente desnudo en el salón. Tumbado sobre un muelle sofá, se la meneaba vigorosamente; junto a él estaba Mira, una morena montenegrina que le hacía cosquilla en los cojones. También estaba desnuda, y, como se hallaba inclinada, su posición hacía resaltar un hermoso culo, muy rollizo, moreno y velloso, cuya fina piel estaba a punto de desgarrarse de tensa. (p 11)

El cuerpo erotizado en una retórica es como el cadáver expuesto de una santa, o una reina, o una puta, vestidas con sus atuendos que la caracterizan en sus roles. Adornadas para la muerte.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Pecando de gula


Estamos plagados de defensores de falsas libertades en una búsqueda falsa de bienestar absoluto (como los green peace en defensa de todas las matas y sus sentimientos), o que te venden como absoluto, modelos, lo que es una buena estrategia publicitaria. También estamos plagados de ese conservadurismo moralista, civilizatorio, caduco pero ambiguo que no deja de ser una forma beneficiaria de instituciones que se lucran engañando a la gente sobre salud, enfermedad, ética y estética bajo palabras del estilo: fe, patria, pueblo, amor y bienestar. A tales instituciones poco les importa la libertad pero la profesan como máquinas repetidoras. Alegando tantas cosas… Como ocurría con el siglo XVIII estos tiempos que corren lastran un montón de paradigmas que pertenecen a la modernidad y no juegan el mismo papel que antes; el mismo papel que en la modernidad. Por un lado, sabemos, se siguió un camino que llega a desmentir a Dios, la fe y que desmantela el eje de poder clerical, clasista y nobiliario. Los libertinos y los ilustrados pusieron su marca y determinaron la cumbre, y no por mucho, el final de una época. Establecieron incluso sus nuevos dogmas y esa nueva costumbre que era principiar por la moral del buen vestir, a la europea o americana para los que venían a este lado de la tierra. Ya terminando el siglo XIX la enciclopedia es un culto de prestigio, incluso en el XX, hasta hace poco, pero tienen ya detractores que encuentran otras formas de acercarse al conocimiento. Matar las viejas maneras, sustituir ese mundo teofílico por el de la razón (quizá más lujoso); seduciendo con un paradigma que tenía ya cierto tiempo construyéndose. El paradigma moderno demarca una época de corsés, sofás y adornos barrocos, prostíbulos y crisis políticas de corte actual. Un boom. El sostén y cimiento de muchas de las pestes y bondades que le siguieron. Por otro lado, estaba la intención moralizante de constituir un corpus ético de lo debido y lo prohibido, constriñendo con lo religioso lo carnal en algo maquinario, reproductivo, que con alguno que otro detalle era el legado a la modernidad de los medievales. ¿Cuál es el papel de la modernidad en este siglo? Hay mucho que decir sobre tal incógnita, se ha dicho mucho, libros enteros de miles páginas, pero... En lo que a mí respecta este principio de siglo (siglo XXI) es una época tan crítica y enferma, de salud o enfermedad, como aquella no tan remota época (siglo XVIII). Las crisis ponen un punto final, permiten que el cambió termine de tomar su ruta, su forma. Renuevan. Para poner un ejemplo de modernidad en el tope de la pirámide miren a Robespierre. Pleno siglo XVIII. La revolución. Seguro se guillotinaba el pito si asomaba la cabeza. Y murió decapitado. Qué otra forma de morir puede ser así de inclemente. Qué más hipócrita que Robespierre defendiendo a un Dios igualmente inexistente, la razón. ¿A qué vengo…? Veamos. La herencia de la modernidad en un contexto industrializado, globalizado y manejado casi por completo por las estadísticas se ve en la publicidad. Por otro lado en la red. Habiendo nosotros heredado eso que los libertinos utilizaron y desgastaron hasta sus últimas consecuencias en la literatura, desde la palabra seducción: la manipulación de intereses. Y es que los métodos de aproximación a la sociedad que utilizan los del oficio publicitario, pregoneros del dinero, el lujo y la comodidad, es el discurso de un Casanova (un italiano feo y apestoso que usa máscaras, habla muy bien, escribe muy bien, defiende una moral conservadora y al mismo tiempo visita burdeles y conventos desvirgando monjas y cogiendo putas). Nos legaron aprender a lo largo de la historia que la verdad la maneja el poder y que el poder reside en un algo ilusorio que es el intercambio. Con el papel, muy fuerte, que maneja el interés mercantil y político. Heredamos como motor de estos tiempos la «seducción» bajo el imaginario de las máscaras o el imaginario libertino, desde lo falso, lo que pretende, la máscara. Cuando apenas todo estaba explotando entonces. Ahora la maraña del conocimiento y lo que le subyace es implacable y mucho más enrevesada que antes. Lo que aplicaba a cierta clase social, con la literatura y otras pastillas subversivas se transpuso a diversos entornos… Dele diversas aplicaciones al ingrediente seductor y entonces se entiende que el manejo de los intereses basado en estereotipos (frases, modelos y demás que pretenden acomodar a la gente, todo desde el marketing) es una forma moderna de seducción. Y la misma aplica para todo, capitalizando. Tome en cuenta, lector, que todo, o casi todo puede verse (perspectiva) desde el cuerpo, la carne; aparato de placer, salud, bienestar en general. La salida natural es vender y comprar (o en su defecto venderse y comprarse) el cuerpo, o el placer del cuerpo, precisamente porque así es el modo en que nos presentan los qués y cómos de cualquier objeto, pero no como es sino como desea ser visto. De ahí la tendencia general a que en los comerciales de cualquier cosa se utilicen desde abdominales y calzones que marquen el pito hasta unas tetas escotadas y un culo en traje de baño de hilo para promocionar pasta de dientes, como parodiaba el cómico Donoso en uno de sus shows. El culto al cuerpo. En el que se busca complacer eso que mencioné que dice llamarse el bienestar (de corte económico-social), o el hedonismo. Entonces la salud, la enfermedad, la locura y el Internet, donde falseamos la identidad a nuestro beneficio, promocionando lo que deseamos que miren en nosotros. Es así como el mercado nos juega su coartada. En algún lado deben comprarte. El amado vende su deseo y la amante compra dicho deseo con su cuerpo, se deja seducir y seduce, un poco en términos de paradoja. Si no pides que te compren en el metro pidiendo plata, haraposo y maloliente, lo pides desde la cumbre en una valla que anuncia tu ser y existencia: vales lo que produces. Alimentas, desde principios modernos que aún se enseñan, el modelo de estatus económico y académico (que deriva, pienso yo, en la burocracia). Neoclásico o libertino, subvertir tal modelo con un antifaz. Por supuesto no podría faltar que además heredamos la razón. Junto con ella (y los ilustrados, neoclásicos), posteriormente, la inclinación desproporcionada hacia la ciencia y el progreso por el cual muchos basan lo que hacen.

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La idea de progreso, con su genialidad detractora, nos arrebata lo poco que nos queda de violencia (unas pocas libertades animales) violentando lo poco seguro que tenemos en nuestra intimidad. El mejor ejemplo de ello serían algunos países o lugares de dichos países que se tornan insoportablemente cuadrados, esquemáticos, ordenados: Suiza, Finlandia, por ejemplo. Países semiperfectos donde el desarrollo social y científico, productor está en la cumbre. En donde si bajas el escusado a las once de la noche y por mala suerte tienes un vecino insoportable que no tolera el ruido te manda la ley para que cumplas con el silencio sepulcral que se desea para la comunidad. En donde también las tazas de suicidio son algo elevadas… hay que matar la rutina, o la sensibilidad en algunos casos. La violencia pasa a ser censurada, castigada y podría decir que está muy bien, fino… pero hasta dónde. Un poco de ruido no mata, y lo que no mata engorda. Algunas instancias pretenden paliar los placeres básicos: sexo, sangre (como ver una pelea de gallos), ruido, droga, castrándolos legalmente. No digo que nos matemos a ras a tabla y el mundo se convierta en un despeñadero. Simplemente me limito a mencionar un poco de lo que nos nutrimos, orden y caos, y a desmembrar la analogía entre este tiempo, que algunos llaman posmodernidad, con esa modernidad por la cual evolucionamos a lo que somos hoy.
Todo lo que dentro de un sistema caduca y se envicia busca la ortodoxia. Un ejemplo sería la academia, eje de poder, ombliguista, farragosa cuando habla sólo por sí misma y no por lo que la rodea, muchas veces sin respetar el desarrollo natural de una lengua o el arte, en el caso de la crítica. Desarrollo animal, bruto. Más todavía La Universidad (la Universidad moderna que se ha perpetuado como institución). Que ya no es nada universal y que además se ha vuelto en muchos países el instituto técnico más valorado en el campo laboral, haciéndose no una Universidad sino una necesidad burocrática de la sociedad. Una universidad hoy en día puede ser más cercana a un circo que a una Universidad. Las contracaras del mundo (políticos, religiosos, admiradores de Justin Bieber, moralistas, veganos, drogadictos, putas, eclécticos y mucha gente que está difuminada entre todo lo anterior) nos han llevado, como a imberbes de la mano, a estupideces tan grandes como la infame y seductora propaganda a Kony, el genocida, para apoyar una intervención (como muchas otras de índole petrolero) de EEUU en Uganda. Y hay gente que llora de amor viendo el video… Libertinos e ilustrados. Vemos cómo el mundo se nutre de crímenes mientras en los tribunales se juzga al mundo. La malsonante política, tan seductora, marketing, y el mercado, marketing, y sus matices, marketing, muy seductores. Invadiendo cada rincón del planeta ahora globalizado. ¿Qué admite la razón? Bajo el influjo de la razón todos pueden tener la razón. Ella lo admite todo y todo puede ser forzado a ella…
Divergir y converger. Lugares comunes sobre los que se mueve todo, del que hablan Borges (la historia), Bolaño (la literatura) e incluso un Cioran (la humanidad). Y se pide orden. Tecnócratas con la cara larga y bonachones. ¿Las formas de supresión no son sustituidas una y otra vez? Claro, las cosas no son ni tan feas ni tan bonitas, Sábato hablaría de ello hasta quemar su garganta. Me conformo con haber mencionado algunas.

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«Veo que, con la mente imbuida de las fantasías que ha contado el conde de Gabalis, creéis que podéis darnos la inmortalidad, es decir, que hacéis lo que la naturaleza no ha juzgado conveniente hacer […] ¿Es verosímil que una esencia superior a la del hombre necesite ser instruida por éste y pueda verse obligada a obedecerle?»
(Claude Crebillón: El silfo, 1730)
           
Crebillón hijo (siglo XVIII), en El silfo, como tantos otros en esa cumbre de la modernidad duda de la esencia, el ser de las cosas, y recurre a la conciliación entre la carne y el espíritu que Epicuro consagraba, dando a entender en cierta medida la necesidad de desobediencia, ficción y control por la que evolucionó el arte y lo que lo acompaña.
Seducir con chupetas a niños hambrientos. En tanto que las cosas nunca tendrán valor por sí mismas. Y a Cristo hay que ponerle precio, un despropósito bien pensado por los beneficiados. Son muy parecidas la novela libertina al discurso moderno, caduco, que mantienen muchos (como el gobierno venezolano actual, élites, academias, religiones, universidades): hay que dar ejemplo, capitalizar, socializar, amenizar, ilustrar, ‘el país avanza’, ‘ser ejemplos de intelectualidad’ y abrir burdeles y narcotraficar mientras se habla de moral. Como algunos académicos que con todo su derecho mandan a la mierda al mundo por escoria y luego se santifican como élites. No mueven un dedo. Blandos. Déspotas inamovibles que alimentan su ego como todos unos modernos. Con la verdad absoluta, enciclopédica, que les concede un puesto de trabajo. Pura charla como dicen aquí. Convencer y comandar debería ser el slogan. La mejor faceta del libertino es la que se sabe hipócrita abiertamente. Qué se le hace… esto es sólo un lastre como el de cualquier pasado que indaguemos, ahora hay otras cuestiones que tratar; por ahí hay hasta quienes viven del aire. Si Crebillón, mejor aún Casanova se pusiera estos zapatos con los que camina el XXI, con tanta hambre por ahí, no le sería difícil babear a ingenuos como nosotros por pecadores de gula: todos consumiendo sin parar. Consumiendo muchos modelos. Más democracia, demagogia, rebeldes y conservadores, ortodoxos excepto cuando aceptamos que no somos nosotros; al menos no del todo. Un ejemplo de ello el Internet, en arte el cine. La consciencia de ser falso. Ahora el meollo está en que vamos, fuimos, de la voluptuosidad a la comodidad, utilizando el mismo método de venta (es de suponer que hasta los comunistas deban mercantilizarse), abarcarlo todo sin que nada quede por fuera. Todos rondando al lado de la gran chupeta que el Silfo nos ofrece. Una vasta fantochada atestada de fantasías.
A pesar de tantas cosas nos seguimos rebuscando. Para ello mantenemos cierta distancia, escépticos. Dudar, refutar, contradecirnos. Apostar por un mundo que se nutre de bajos instintos, matándonos de peste ya no tan libertina. Descubriendo máscaras como Sade a sus personajes.